El "Tanque" de las nubes: Iván Soria, el influencer que conquistó el Aconcagua y apagó la cámara para salvar una vida
Tiene 23 años, una máquina de fotos y toda América a sus pies. Mientras sus seguidores acompañaban sus pasos por Instagram, Iván Soria se enfrentaba a los -35°C de la “zona de la muerte”. En diálogo con LA GACETA, el periodista tucumano revela el detrás de escena de una expedición donde la ética profesional valió más que cualquier "me gusta".
TUCUMÁN EN LO ALTO. Iván "Tanque" Soria llegó a la cima del Aconcagua y documentó todo en sus redes sociales.
A más de 6.800 metros de altura, donde el aire es un privilegio y el cerebro funciona lento, el instinto de un “influencer” debería ser sacar el teléfono. Iván “Tanque” Soria tenía la toma perfecta: un andinista indio, al borde del colapso tras romperse su equipo, estaba sentado sobre el hielo esperando lo inevitable. Pero Iván, que vive de contar historias en sus redes sociales, hizo lo que separa a un simple buscador de 'likes' de un verdadero profesional: guardó la cámara y tendió la mano.
Aunque afirma que hoy la actividad es mucho más segura que antes, el joven sostiene que sigue existiendo el llamado “ego del montañista”. Eso le hace cometer errores a mucha gente. “Este señor de la India había intentado subir solo; se le había roto el crampón, y lo vimos sentadito en la nieve como esperando la muerte; la verdad que estaba bastante mal y muy asustado”, rememora. "Un compañero le solucionó el problema y luego lo ayudamos a descender", añade.
“Preferí la humanidad sobre el morbo”, dice Iván con la tranquilidad de quien hizo lo correcto. “Hubiera sido un reel viral, pero hay cosas que por respeto no se muestran”, asegura, aclarando que su intención no pasa por ganar seguidores a como dé lugar.
Para él, el Aconcagua fue el examen final de años de formación técnica. Como asistente de guía y miembro activo del Club de Montañistas de Tucumán, Soria entiende que la montaña no perdona la falta de conocimiento. “El camino puede ser largo o corto, pero tenés que acumular aprendizajes; lamentablemente la única forma de obtenerlos es yendo a la montaña”, explica. Su preparación, además de ir al terreno, comprendió un entrenamiento riguroso en técnicas de cramponeo, autodetención en glaciares y primeros auxilios en zonas remotas.
El periodismo de altura
Iván no se define como un escalador que saca fotos, sino como un periodista que sube montañas. Su expedición al techo de América fue compartida casi paso por paso con los espectadores. Cargó con su Nikon Z30 en una mochila donde cada gramo se siente como un kilo extra por la falta de oxígeno, todo para mostrar lo que, como él señala, la mayoría de la gente nunca en su vida podrá ver.
Su rutina no terminaba al llegar al campamento. Mientras sus compañeros descansaban, él empezaba a buscar señal. “Les ‘robaba’ un poco de Wi-Fi a las empresas en los campamentos base para poder subir los videos”, cuenta entre risas. Sus seguidores, una comunidad que creció junto con su ascenso, vivieron la aclimatación, las comidas y el viento blanco casi en tiempo real.
El comunicador, además de documentar paso a paso sus aventuras en Instagram, luego de cada viaje edita un video más extenso y lo sube a su canal de Youtube.
Pero no todo es tán sencillo como suena: la tecnología tiene sus límites en el clima extremo. “El día que hicimos cumbre se me cortó la grabación para Youtube porque el frío me ‘chupó’ la batería; automáticamente saqué el celular y empecé a grabar para Instagram”, recuerda.
“No me gustaría hacerme viral por algo malo. Yo trato realmente de mostrar todo lo que vivo y cómo soy como humano; soy un hijo, soy un novio, soy un amigo; por eso me muestro llorando, me muestro bien, me muestro mal… la idea es que la gente vea no un 30 ni un 50, sino un 100% de lo que se vive en la montaña”, reflexiona.
“Empecé a hacer esto no para buscar fama, sino porque quiero inspirar a otros chicos y chicas de mi edad a que hagan esto conmigo. Es un deporte donde no hay mucha gente joven, entonces quiero que se animen”, detalla. Soria remarca que, de las 13 montañas más altas de Latinoamérica, diez están en Argentina. “Tenemos la cumbre más alta del continente, hay mucha historia por detrás y eso es lo que quiero transmitir en mis videos. Vienen desde todo el mundo, gente que fue al Everest y demás, y cuando llegan aquí quedan fascinados”, valora.
Un largo camino
Todo lo que se pudo ver en el día a día de sus redes sociales fue el final del camino. El comienzo fue hace una década, con sus primeras aventuras en altura junto a su padre. Su afición al Mountain Bike también sirvió de combustible. “Cuando andaba en la bici siempre quería ir más y más alto”, evoca. Aunque tuvo un parate prolongado, a principios de 2025 volvió con todo, y la excursión al pico más alto del continente comenzó a gestarse.
EL GRUPO. Anita Reyna, Marcos Villa Kenning, Maximiliano Marcone, Rodolfo Sorato, Mauricio Villagra, Diego Cruz e Iván Soria llegaron a la cima de América
Su mentor, Marcos Villa Kenning lo “desafió” al ver un video suyo haciendo una cumbre calchaquí cerca de Tafí del Valle. “Me dijo que si quería hacer algo más ‘picante’ lo llame. Me entusiasmé y en pocos meses llegamos al punto más alto de Tucumán y al de Jujuy”, relata. Aunque primero tuvieron un intento fallido en el Cerro Bonete Chico, de 6759 metros, Villa Kenning lo invitó para ser su asistente en la expedición al Aconcagua y “Tanque” no dudó. “Subimos con un grupo de siete personas: cuatro tucumanos, un santiagueño, un mendocino y una cordobesa” enumera.
El “penal” de los 6.960 metros
En la jornada definitiva, el Aconcagua decidió mostrar sus dientes. Salieron a las 4 de la mañana con una sensación térmica de -35°C. Iván describe el tramo final como una batalla psicológica. “Los últimos 50 metros fueron los más duros de mi vida; fue como ir a patear un penal en la final de Copa del Mundo, con esa presión de que hay que hacer bien las cosas “, indica.
IMPONENTE. Así es la vista hacia la cumbre desde Cólera, el último campamento.
Allí, el techo de América fue captado por su lente, generando un contenido único, pero que no solo buscaba mostrar un paisaje, sino contagiar una pasión. Para él, llegar a la cruz no fue solo un logro deportivo, sino un desahogo. “Cuando toqué la cima me largué a llorar. Miré hacia abajo y pensé: 'No hay nada más alto que yo ahora, todo el continente está debajo de mis pies’”.
Cachi, Bolivia y el sueño máximo
Tras el descenso exitoso, Iván ya tiene la mirada puesta en nuevos horizontes. Sus próximos objetivos incluyen el Nevado de Cachi en Salta, el Sajama en Bolivia, y el Mercedario, en Mendoza, hitos necesarios en su camino hacia el Himalaya.
“El K2 es el sueño máximo. Es la montaña más dura del mundo, por su dificultad técnica”, confiesa. “En los que se me vienen ahora empezaré a transitar ese camino; por ejemplo, en Bolivia voy a escalar en hielo”, precisa.
Sea en los Nevados del Aconquija, en los Andes o en el Himalaya, Iván “Tanque” Soria sabe que nunca está solo. Su familia, su novia, y sus miles de seguidores viajan con él a través de su celular. Al final del día, para el atleta tucumano, llegar a la cima es solo la mitad del camino; la otra mitad es volver para contarlo y alentar a que otros también se animen a mirar hacia arriba.





















